Cuando nos planteamos la idea de desvincularnos de nuestro cónyuge pensamos siempre o casi siempre en el efecto que tendrá en nuestros hijos. Sabemos que el daño los alcanzará en mayor o menor grado según sea la manera de llevar adelante la separación del matrimonio.
El divorcio generará indefectiblemente cambios importantes en las relaciones interfamiliares y pondrá a los hijos frente a la incertidumbre de respecto de cual será su nuevo posicionamiento ante dichos cambios. Con quien permanecerán viviendo, como será el contacto con el padre que se aleja, si hay terceros involucrados en ese alejamiento los obligará a relacionarse con personas que hasta el momento le eran absolutamente desconocidas y que pasan a formar parte de su nuevo entorno social y a veces familiar en caso de llegarse a constituir una nueva familia con nuevos hermanos o casi hermanos , hijos de la nueva pareja , siendo estas circunstancias un desafío que puede debilitarlos en su desenvolvimiento psíquico e intelectual. La posibilidad de que uno u otro progenitor celebren nuevas nupcias es un factor de riesgo que puede generar en los hijos problemas sociales, emocionales, conductuales y académicos. El mayor o menor daño que pueda alcanzarlos dependerá de ciertos procesos que acompañan a la ruptura matrimonial, como son los conflictos entre los ex cónyuges y como manejas los mismos estos conflictos. Cuando alguno de los padres dice “no va más”, el hecho de enunciarlo, genera una crisis intensa en la que no sólo está involucrada la pareja, sino la familia entera. Los padres suelen sentirse muy "aliviados" con el haber informado a los hijos, y no toman conciencia de que allí comienza el problema para ellos, quienes tienen que elaborar la idea de que ya no serán la misma familia y asumir la pérdida que significa que se vaya uno de sus padres, generalmente el papá. Pero muchas parejas cuando ya informaron a sus hijos, sienten que han cumplido con su tarea y se dedican a negociar las múltiples situaciones problemáticas que suceden en la primera etapa de un divorcio, como son las pensiones, el repartir las propiedades, las responsabilidades sobre los niños. Les viene una especie de amnesia de lo que sucede con los hijos y no procesan que ellos están viviendo una crisis. Al transmitir a los menores la decisión se fundamenta en que no es bueno que los niños vean pelear a sus padre y entonces es mejor separarse, pero los niños verán defraudada su confianza pues en el período de separación o más allá los padre siguen peleando a a veces lo hacen en forma más feroz que mientras convivían, por lo tanto hay tener mucho cuidado en ser coherente pues el niño es muy sensible a la falta de compromiso en lo que se les promete. Y otro aspecto que hay que observar es que generalmente se le augura a los menores mayor presencia y atención personalizada y en cambio la frecuencia en el contacto se ve afectada seriamente por actitudes abandónicas como por ejemplo, viajes imprevistos, veraneo con terceros que no incluyen al niño, nueva convivencia que limita la posibilidad de pernoctar en casa del padre etc. Estas circunstancias que el menor no alcanza a comprender generan desconfianza y descreimiento de los fundamentos recibidos respecto a la separación de sus padres.
A pesar de que en el momento en que se decide la ruptura y el alejamiento los padres están ensimismados en sus propios problemas, siempre serán conscientes de que sus hijos se resentirán psicológicamente y que manifestarán diversas reacciones en su vida cotidiana. La Dra. en pediatría Agustina Lanoël y la Licenciada en Psicología Rosa Ocaña han elaborado el siguiente detalle de las misma , y me pareció my apropiado transcribrlas para que sirvan de orientación e los visitantes de nuestro sitio
Los infantes y los niños menores de tres años su corta edad, logran captar la tristeza y preocupación de sus padres y tornarse irritables, llorosos, miedosos y agresivos; es posible que aparezcan trastornos del sueño y conductas regresivas.
Entre los cuatro y los cinco años de edad: los niños suelen culparse de la infelicidad de los padres y temen ser dejados; pueden tener pesadillas y fantasías de abandono.
Los niños de edad escolar: pueden manifestar tristeza y preocupación y presentar conductas agresivas tales como malos modales y oposición porque sí; muchos se sienten atrapados en conflictos de lealtad y no sería sorprendente que disminuya marcadamente su desempeño escolar
Los adolescentes: ponen de manifiesto una autonomía emocional prematura, cuestionando a sus padres e intentando manejar la vida según su parecer y poniendo a prueba la autoridad de los mayores.
Algunas recomendaciones que pueden ayudar:
- Asegurarle al niño que ambos padres lo quieren; que la separación es sólo de la pareja, no de los hijos.
- Mantener su rutina diaria lo más normal posible. Tratar de ser posible ,que el niño permanezca en la misma casa, el mismo barrio y la misma escuela.
- Asegurarle que será visitado por el padre que no vive con él y que éste lo quiere mucho.
- Ayude a su hijo a expresar sus sentimientos dolorosos. No lo cargue con sus propios problemas y evite expresarse mal de quien decidió alejarse del hogar.
- Hágale entender que él no tiene la culpa de su divorcio.
- Explíquele claramente que el divorcio es definitivo para evitarle confusion y falsas expectativas.
- Proteja las opiniones positivas que el niño tenga de ambos padres
- Evite desacreditar la imagen de quien es el padre aun mas allá del alejamientola descalificación de los padres entre ellos es un error se pagará caro especialmente en la adolescencia, porque padres deslegitimados no serán jamás una autoridad con los hijos.,
- los aspectos negativos no los manifieste en su presencia.
- Nunca le pida que tome partido; haciéndolo cómplice, le creará sentimiento de culpa que lo dañará en su espontaneidad.
- No hay que aflojar la disciplina a la que estaba habituado el niño y la que lo formará en su personalidad finalmente. Lo que antes no era admisible no puede serlo por el cambio de estructura familiar.
- No discuta con su ex cónyuge en presencia de su hijo.
Cada divorcio se presentará como un problema sumamente complejo, que es vivido de un modo distinto en cada pareja y que afecta de un modo particular a cada uno de los integrantes de la familia. Por lo que debemos comprender que no hay fórmulas para afrontar y atravesar el proceso. Se han elaborado muchas guías conductuales, inspiradas en el sentido común y atendiendo a todas las partes involucradas, poniendo mayor énfasis en la forma de preservar a los menores inocentes absolutos en la desinteligencia de los mayores. Pero cuando recurrimos a esas guías aportadas por otros que pueden pensar objetivamente no siempre logramos incorporar sus consignas.
Debemos poner toda la energía al servicio de la salud mental y física de nuestros hijos dado que son lo mejor y más importante de nuestra vida, para que salgan lo más indemnes posible en el duro proceso de la nueva etapa que encaremos.
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